Allí está. Paseando el carro con mi bebe. De regreso a casa. Cada palabra, cada gesto, cada movimiento de ella, me escita. Llevo tres meses regresando el primero a casa y me siento culpable porque es a la niñera a la que ardo en deseos de ver y no a mi pequeño. Es un tormento. Soy mayor que ella. Es casi una niña. Pero no puedo dejar de pensar en ella. Y de tocarme. Tocarme mucho. ¡Joder! Esta subiendo por las escaleras del portal y ya estoy empalmado. ¿Se puede ser peor persona? Lleva un conjunto delicioso, que... ¡Mierda! Ya está en casa y no me ha dado tiempo a tocarme. Porque llevo tres meses pensando en ella. Tres meses tocándome. Tres meses echando los mejores polvos de mi vida con mi mujer. Pero pensando en ella. -Hola. -Hola señor Beck. Hoy también ha salido pronto. No era una pregunta, era una afirmación sutil. ¿Sospechaba de él? Seguro que sí, seguro que empezaba a ser sospechoso, debería de plantearme otros tipos de acercamientos. -...